|
El Sembrador: la Actuación que entró en la Historia A 15 Años del Emocionante Gran Premio Brasil
Photos by Cortesía Archivo / Gustavo Gonzalez
Viernes, Julio 30, 2010 Por Gustavo Gonzalez En el emocionante Gran Premio Brasil de 1995 ganó más de un millón de dólares por ventaja mínima.
Las victorias de caballos argentinos en el Gran Premio Brasil eran moneda corriente en las décadas del 40, 50, 60 y 70. La carrera cumbre de la hípica de ese país, cuya última versión se corrió el domingo pasado, nos tenía como grandes animadores, infaltables y temibles para los locales. Era como ver un caballo de El Alfalfar o en otros tiempos de El Vengador meterse en la gatera de los 1000. Los demás temen y los apostadores van a la ventanilla con un número infaltable para las combinadas, como mínimo.
En 1995 ese panorama había cambiado. Entre la evolución del turf brasileño y las espaciadas intervenciones de los argentinos, la tendencia se había diluido. Pero ese año, el Jockey Club Brasileiro tiró la casa por la ventana. Puso 1 millón de dólares para el ganador, una cifra que entonces se superaba sólo en la Breeders’ Cup Classic y algunas carreras de la sobrevaluada Asia -dicho esto en los términos que miden el alto stantard de esa región-.
Además, una jugada que se podía realizar en las agencias de lotería de Río de Janeiro por un dólar, garantizaba un pozo de igual suma. Claro que había que acertar los seis primeros del gran premio, según aparecieran en una raspadita. Eran tiempos en que el real valía más que el dólar, mientras, aquí teníamos el uno a uno.
Allí fue El Sembrador. El mejor caballo de nuestro país, ganador del Jockey Club el año anterior, segundo en el Latinoamericano que cinco meses antes se había corrido en el Club Hípico de Santiago, Chile, y propiedad de un empresario acostumbrado a jugar fuerte, Gilberto Montagna, ex presidente de la Unión Industrial Argentina y de Terrabusi.
“Yo le entrenaba los caballos a Los Patrios. En 1994 quedaron tres potrillos en el haras y había uno chicuelo, pero que a mí me gustaba; por eso me lo dieron”. Se va al origen de todo José Luis Palacios, para recordar aquel gran momento.
“Era malo, se trepaba a las paredes, tenía un box largo, especial para él; siempre aparecía con golpes en los nudos”, describe Lucho. “Pero como era liviano, al mes de llegar al stud estaba puesto y debutó. Entró segundo de Dream Fitz”.
Montagna incursionaba entonces en una política de comprar los mejores potrillos para ganar las carreras más importantes. Así se quedó con Berliner, que le dio la Polla, y después fue El Sembrador, que respondió en el Jockey Club. Victoria y Pablo Duggan, criadores de tradición y excelencia, le vendieron al hijo de Octante para seguir alimentando de inversión su generoso Haras El Paraíso.
La carrera de Chile no estuvo exenta de contratiempos. Incluso Guillermo Sena, el jinete de siempre de El Sembrador, fue sancionado por alguna incorrección en el desarrollo, cuando él había sido el perjudicado. Pero ese segundo puesto al pescuezo del local Patio de Naranjos fue el combustible para la siguiente aventura. Semejante carrerón merecía tener una especie de continuidad internacional que se dio en aquel primer domingo de agosto de 1995. Y que en lo previo tampoco estuvo exenta de momentos de tensión.
Sigue evocando Palacios: “Fue bárbaro lo de Chile, por eso la decisión de aceptar la invitación del Jockey Club Brasileiro”.
Había expectativa. Much Better, el mejor de Sudamérica estaría de nuevo en las gateras, tras su floja actuación en Chile. Para El Sembrador sería el desquite del Carlos Pellegrini, que el gran caballo brasileño se había llevado en diciembre de 1994. Pero un mes antes del viaje, las luces rojas se encendieron.
“Apareció manco; tenía una distención en el ligamento de una rodilla”. Palacios es además un reconocido veterinario, que solía atender al hijo de Niña Flor. Pero en ese momento crucial recurrió a dos eminencias: Carlos Burghi, de quien fue Jefe de Práctica en la Universidad de Buenos Aires, y Jorge Damonte. “Los dos me aconsejaron no viajar”.
Ahí apareció “Chuchi”, la mujer del entrenador. “¿Por qué no llamás a Mario Raynman?”, preguntó. Un tiro desesperado, pero que no le pareció descabellado a Lucho, por más exótico que suene el hecho de que un kinesiólogo de humanos asista a un caballo de carrera.
“Lo veo, pero yo no trato caballos”, fue la respuesta del profesional a la convocatoria. “Enseguida llegó con los aparatos: onda corta, láser, ultrasonido. Y empezó a venir todos los días”. El entrenador no podía creer que ese animal, puro temperamento, estuviera tan quietito durante el tratamiento. “Se quedaba tranquilo, era muy inteligente”, revela.
Del inglés al español, salvo por una letra (la y, en lugar de la i), Raynman sería el hombre lluvia o que hace llover. Algo de esto último pasó en todo sentido; el literal y el médico. El kinesiólogo viajó a Río con todo el grupo (y toda su parafernalia, claro).
“El último trabajo del caballo en San Isidro nos había convencido. Allá nos miraban como a bichos raros, desconfiaban, había muchas dudas”. Allá son las “cocheiras”, los establos de Gávea. Allá no admitían contras para Much Better.
Sin embargo, la suerte de El Sembrador empezó a cambiar. Después de un jueves de verano, con 32º grados y playa -en Leblon, para nosotros-, se desató un temporal que abarcó viernes, sábado y domingo e hizo descender drásticamente la temperatura. Una cortina de agua que jamás se descorría. El piso naturalmente blando de la pista de césped se convertía en un confortable colchón para el caballo argentino.
Más señales auspiciosas: el triunfo de nuestra Repartija el sábado en el Gran Premio OSAF (G1-2000 m). Un Guillermo Sena empapado y feliz, dirigió a la yegua de Río Claro que preparaba Alfredo Gaitán Dassie. El jinete desquitaba así de un verdadero desfalco previo: en el Gran Premio Major Suckow (G 1-1000 m) había dirigido a Preflorada, visiblemente molestada por el local Mensageiro Alado al ingresar en la recta. La notable velocista se recuperó y volvió al ataque, pero en los tramos finales Sena perdió la fusta y la carrera, por un cuerpo ante el brasileño, hoy padrillo. Encima, el jockey argentino fue sancionado más tarde, por reclamar injustificadamente. Un despojo completo.
El grupo argentino llegó al domingo entre entonado y con bronca, por lo que había pasado el día anterior. Había que ganarle a Much Better y a Talloires, el gran caballo de Richard Mandella que llevaba en la montura a Kent Desormeaux, la sensación entre los jinetes de los Estados Unidos.
Hubo otros argentinos en las gateras: el inmenso Seaborg, otra carta de Río Claro, la divisa de la familia Paula Machado, tradicional en Río de Janeiro y en el turf brasileño, con años criando y compitiendo en la Argentina, y Sanguinario Toss, el caballo que obligó a alejarse de la Argentina al entrenador Carly Etchechoury y con ello le impedía observar el triunfo de un tal Gentlemen en las 2000 Guineas, que había ocurrido un día antes.
Palacios recuerda el desarrollo: “El Sembrador largó desde afuera de todos y cruzó toda la cancha. Vino cuarto y dominó en la recta. Desde los 200 se vino Talloires; se trenzaron en lucha hasta el disco”.
Allí surgió el corazón del caballo argentino. Sena no aflojó y el alazán tampoco. Con la piel erizada por tamaña entrega, por ese final de infarto, esperamos diez minutos para que se dirimiera la bandera verde. Había 1.100.000 dólares en juego, a merced de una foto que no se revelaba nunca.
Esperamos a la altura del disco, debajo de la casilla de los jueces, junto a Marcela, la esposa de Sena. Los brasileños nos gritaban que había ganado el caballo francés, de campaña estadounidense. Sin Much Better ni ningún otro local en la discusión, no podían aceptar que un argentino se quedara con el premio.
Hasta que llegó el fallo: ventaja mínima (larga, para nosotros) y la invasión de la pista de casi todos los argentinos; primero llegó Andrés Ferrero, el propietario que alguna vez fue el Caballero Rojo de Titanes en el Ring, para tomar de la brida al hijo de Octante como un superhéroe protector. Enseguida se hizo cargo José Luis Ibarra, el peón, que hoy sigue en el stud de Lucho, al igual que Cristóbal Blanco, el capataz; Roberto Toneguzzo, el herrador. Los dirigentes, como Máximo Domínguez Alzaga, titular de Palermo; los periodistas, Luis Nofreda, de Clarín; Osvaldo Martínez, de Revista Palermo. La revista y el programa de cable Paddock, con Carlos Nasif y nosotros, también por La Nación.
El corazón palpitando, los pies en el barro y el agua, el disco lleno de gloria, la ropa mojada que no pesaba un gramo. Guillermo Sena, con la camiseta argentina de su hijo Mariano, todavía en la silla del campeón. El aplauso de los brasileños en las tribunas, de un público infinitamente más generoso y deportivo que los jueces que se resistían a reconocer el triunfo de El Sembrador, como no quisieron ver 24 horas antes las molestias a Preflorada.
“Fue la emoción más grande que viví en el turf, con un caballo que tuve de potrillo, en una carrera de ese valor…”, afloja Palacios, un hombre que no transmite con facilidad sus sentimientos. Y que pone a El Sembrador a la altura de otro grande que habitó su caballeriza: Sei Mi, con el que ganó el Classic de las Estrellas y el República Argentina. La vida de El Sembrador, más apacible ahora, transcurre en el haras El Tala. Se la ganó en buena ley.
Habían pasado 19 años desde la última victoria de un caballo argentino en el Gran Premio Brasil. La increíble actuación de El Sembrador no fue la reanudación de aquel dominio de otros tiempos, pero sirvió para poner un mojón inolvidable. El tremendo competidor de físico poco atractivo pero con el alma más grande, nacido en El Paraíso, fue, el 6 de agosto de 1995, el 22º argentino en la lista de la carrera cumbre del turf brasileño.
Aunque para los que estuvimos cerca aquel día, no resultó un número más.
|
|
||||||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
<< Home |
© 2006-2010 caballosdelmundo.com. Todos los derechos reservados. |