¿Y el Caballo del Año en 2010? En tiempos del pujante Roberto Vasquez Mansilla, el Jockey Club tuvo la agraciada idea de distinguir a los mejores de cada año y esa buena costumbre se mantiene desde hace casi 30 años.
Claro que es potestad del presidente de la institución madre del turf argentino señalar al más destacado de la temporada y eso supera los límites equinos: el Pellegrini del Año tanto puede consagrar al mejor de cuatro patas como al humano que sobresalió; a una entidad hípica, haras o stud; a un medio de comunicación o al público, como ocurrió hace tres años.
La terna del Caballo del Año queda en medio de las restantes. No se la resalta especialmente, aunque debería. En Europa, los Estados Unidos y en Japón, por mencionar algunos casos, el premio máximo es para el mejor sangre pura.
No está mal que nosotros ampliemos la búsqueda a otras divisiones, pero el rubro debe tener más relevancia en nuestro país. Acaso los medios debamos jugar un papel más fuerte en esto.
También la prensa debe meterse en un tema insoslayable: la temporada que se toma para otorgar estos títulos en la Argentina está desfasada. Deberíamos medir de julio a julio, que es el tiempo que son los meses en los que cambian de edad los caballos, a los efectos de la competencia. Ejemplo: Lingote de Oro corrió el Classic de las Estrellas a los 4 años contra rivales de 3, que son los que participaron del proceso selectivo en 2009. Eso fue en junio. Luego, en noviembre, en el Dardo Rocha, ya tenía 5 y se medía con los de 3 años de 2010, en el mismo ejercicio.
Más. Acá un ejemplar puede ser elegido Mejor 2 Años y Mejor 3 Años en la misma premiación. En todo caso, ese galardón debería otorgarse en diferentes temporadas, con carreras totalmente distintas y, tal vez, hasta con otros rivales. Si las condiciones cambian tan dramáticamente como para hacer que se compita con un peso en un momento y con otro más tarde, los parámetros de medición se vuelven confusos.
Terna de tres
Para 2010 quizá nos parezcamos en la elección a lo que ocurre en los Estados Unidos, donde las especialidades estás bien marcadas. Allí es difícil encontrar un gran caballo que compita en césped y arena en igual nivel, con grandes conquistas en ambos terrenos, como suele ocurrir aquí. La propia ruta de la Triple Corona nos lleva en la Argentina a que el caballo que la gane sea un verdadero campeón, porque habrá impuesto condiciones en ambas pistas. En esto les llevamos ventaja a los estadounidenses. La selección será siempre más exigente en ese sentido.
¿A qué viene esta visión? Simple: el Caballo del Año de 2010 no debe salir de Lingote de Oro, Anaerobio y Catch the Mad, en nuestra opinión. Cada uno ganó tres Grupo 1. Cada uno tiene sus pros y sus contras.
Lingote es el mejor adulto; compitió con potrillos de dos camadas diferentes, pero sólo se impuso en la arena. Anaerobio es el mejor potrillo y Catch the Mad, la mejor potranca. El macho hasta podría lidiar en el rubro 2 años, aunque Paulinho parece una fija. La hembra, en cambio, es la más firme candidata como 2 y 3 años. Ambos ganaron en césped y en arena.
La contra para estos dos es lo restrictivo de sus rubros. Si Catch the Mad hubiera ganado la Copa de Plata tendría la distinción muy a mano, aunque le quedara pendiente alguna buena carrera frente a los machos, por ser exigentes.
Aunque el asunto no es comparable por completo, por aquello de las temporadas desfasadas, hay que recordar que en los Estados Unidos, salvo en el caso de Secretariat, al que su posterior triunfo en la Triple Corona le permitió convalidar el primero de sus dos títulos de Caballo del Año, la cuestión de darle el premio a un potrillo de 2 años tuvo sus bemoles. Favorite Trick, en 1997, arrasó con todo y aprovechó una floja actuación de los adultos para obtener la distinción.
En mi opinión, el Caballo del Año debe ser Lingote de Oro. Superó a distintas generaciones, con los reparos que ofrece la situación en un país exportador, y cuando perdió quedó ahí nomás, como en el Dardo Rocha (tercero del brasileño Mr. Nedawi) o en el San Martín (escolta de Cocho). Las salvedades ya fueron explicadas.
Las discusiones, en cambio, podrán perdurar un buen tiempo más. Y ésta es una de las cosas que hacen atractivo al turf, como sucede cada vez que suena la campana. |